ARTÍCULO

Daniela Gamé, Economista-Gerente de Ventas LVA Indices

Tendencias: Finanzas Conductuales

¿Qué son las finanzas conductuales y por qué son tan importantes de considerar al momento de dar una buena asesoría?

Las finanzas conductuales (o Behavioral Finances) es una rama de la economía que estudia la psicología del individuo para entender cómo las emociones influyen en nuestras decisiones económicas.

A diferencia de las finanzas tradicionales, donde uno de los supuestos macroeconómicos es que los individuos toman decisiones racionales, las finanzas conductuales estudian cómo nuestras emociones pueden hacernos caer en malas decisiones financieras.

Emociones tales como el miedo, la codicia o bien el exceso de confianza pueden guiar el actuar de un inversionista. Cómo entender que un inversionista quiera mantener por demasiado tiempo una inversión que tiene pérdidas aunque esta siga cayendo. O decidir vender alguna acción demasiado pronto simplemente por miedo o dudas.

Como asesores financieros el conocer y poder identificar estos comportamientos o sesgos, nos permite desarrollar estrategias más efectivas que impiden que nos contagiemos de ese espíritu irracional, colocando el sello profesional y paños fríos que necesitamos transmitirle a los clientes, para darles una asesoría neutral que les permita tomar mejores decisiones de inversión.

A continuación describimos los principales sesgos y el impacto de estos en las inversiones:

1. Sesgo de confirmación:

Esta es la tendencia que tienen los inversionistas a buscar e interpretar información de una manera que confirme sus creencias preexistentes, mientras ignoran lo que los contradice. Por ejemplo, un inversor que es optimista respecto a una acción puede buscar noticias y análisis que respalden su perspectiva alcista, al tiempo que ignora cualquier noticia o análisis negativo. Esto puede conducir a un exceso de confianza en la inversión y al fracaso para reconocer los riesgos potenciales. Para mejorar el proceso de toma de decisión es fundamental que como asesores le podamos entregar toda la información al cliente para que evite caer en este sesgo y que no tenga información parcial o sesgada de esta inversión.

2. Sesgo de exceso de confianza:

Esta es la tendencia a sobreestimar las propias habilidades y conocimientos. Los inversores demasiado confiados creen que pueden elegir inversiones ganadoras, teniendo habilidades de predicción superiores a la media, lo que en la práctica, no existe. Esto los puede llevar a ser inversionistas que transen con mucha frecuencia, entrando y saliendo del mercado, que diversifiquen poco y subestimen los riesgos propios de las inversiones. Cuando nos encontramos con este tipo de inversionistas es importante, como asesores, hacerles notar que es difícil ganarle al mercado, que los costos de transacción pueden ser elevados y que se obtienen mejores retornos siguiendo estrategias diversificadas de largo plazo, promoviendo la disciplina y asegurándose de que sus inversiones se mantengan siempre apegadas a sus objetivos y a su perfil de inversiones.

3. Sesgo de aversión a la pérdida:

El “dolor” de perder 1 millón en una inversión, versus “ganar” ese mismo millón no se siente igual en el estómago. Según los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky, las pérdidas “duelen” el doble que las ganancias. Esto hace que nos aferremos a las inversiones con pérdidas por mucho más tiempo que el recomendado, esperando recuperar lo perdido, incluso si eso significa perder otras oportunidades de inversión. Estrategias como colocar un Stop-Loss como asesor desde un principio con tu cliente y deja fuera las emociones en las decisiones permite ser más racional al momento de salir de una inversión, o bien el “vender por partes” reduce la ansiedad para el inversionista o en su defecto ver el costo de oportunidad de alguna otra alternativa de inversión pueden ser buenas estrategias para plantearle al cliente en una conversación de estrategia al momento de enfrentarse a tomar alguna decisión por sus pérdidas.

4. Sesgo de anclaje:

Esta es la tendencia a “quedarse pegado” al primer número que tenemos como referencia de una inversión, como puede ser el precio de compra de una acción o su máximo histórico. Los inversionistas suelen utilizarlo como referencia aunque los fundamentos de esa estrategia hayan cambiado en el tiempo y la tesis de inversión inicial ya no tenga sentido. Una buena forma de evaluar si un precio está “anclado” es preguntarle al inversionista si hoy tuviera dinero disponible para comprar más acciones las compraría a ese precio, si la respuesta es “no”, probablemente su precio está referenciado al pasado. En este sentido, podemos ayudarle al inversionista actualizando la información de mercado y los fundamentales para que tenga toda la información para tomar una nueva decisión de inversión.

5. Sesgo de pastoreo:

Esta es la tendencia a seguir a la multitud y tomar decisiones de inversión basadas en lo que está haciendo la “manada”. Este sesgo nos impulsa a comparar acciones de “moda” y son tendencias que típicamente suelen alimentar burbujas financieras. Los inversionistas que tienen este tipo de sesgos terminan comprando caro- entrando típicamente antes de momentos de corrección y vendiendo en el peor momento de las crisis financieras- cuando el mundo cayó en pánico, consolidando pérdidas y desaprovechando momentos de recuperación. Warren Buffet conocía bien este sesgo y decía: "Sé temeroso cuando los demás son codiciosos y sé codicioso cuando los demás tienen miedo". Para esto es importante mantener al cliente informado en momentos de euforia o crisis, permanecer especialmente cercanos a los clientes y seguir el consejo de los expertos que guíen los fundamentos de inversión para evitar tomar decisiones en estos momentos de peak o declive de las inversiones, evitando guiarse sólo por emociones. Recordándoles a los clientes que los ciclos económicos son parte del comportamiento normal de los mercados.

En conclusión las decisiones de inversión están lejos de ser siempre “racionales”, sabemos que los sesgos emocionales pueden nublar nuestro juicio como inversionistas y hacernos caer en malas decisiones.

Como asesores, debemos comprender la psicología del riesgo y, con estas herramientas, diseñar estrategias que mitiguen sus sesgos. De esta forma, facilitaremos decisiones informadas y evitaremos errores emocionales costosos que suelen tomar los clientes y que los alejen de cumplir sus metas y objetivos de ahorro a largo plazo.